Para empezar con esta sección, entrevistamos a Paz Núñez Martí, profesora del Área de Construcción de la Escuela, que recibió un premio a la solidaridad y trabaja con varias ONGs.
CLF- ¿Cómo llegas a colaborar en la cooperación al desarrollo?
PAZ- Yo os voy a contar mi experiencia personal. El tema de cooperación, en mi caso, ha surgido por una inquietud que uno tiene, que viene de ver que hay una serie de circunstancias que no son justas y que no son apropiadas, que también te cuestionan y te interrogan.
Por ejemplo, a mí por el hecho de estar aquí por qué me ha tocado vivir en unas condiciones y por qué otra persona por el hecho de estar allí le ha tocado vivir de otra manera, por qué esas condiciones son peores en cuestión de habitabilidad que las que yo tengo… pues vamos a ver si se puede de alguna manera trabajar para que ellos estén en mejores condiciones.
Yo empecé en esto en el año 93, cuando un grupo de amigos hicimos la campaña para pedir el 0,7% del PIB. Hubo un movimiento popular muy importante, y conseguimos que el Gobierno se implicara para colaborar con temas de cooperación, es decir, para donar una cantidad de dinero de los Presupuestos Generales del Estado para estos temas.
Después de esta experiencia, gracias a un grupo de amigos y gracias a una ONG, que pone en contacto comunidades locales con gente de aquí, que quiere tener una experiencia de voluntariado o de cooperación en verano, nos fuimos a Colombia a trabajar en un choco, que es una zona de selva de allí, donde estuvimos trabajando un mes.
Fue mi primera experiencia, yo era estudiante todavía, estaba en cuarto de carrera, y fue el detonante de toda la trayectoria. Realmente, darte cuenta de las circunstancias en las que están, darte cuenta de cuál es su realidad, también de entablar una relación con ellos… no se trata solamente de ser técnicos e ir allí, sino al final lo que es más efectivo es la relación personal, el aprender de ellos.
A partir de entonces, esta inquietud cada vez iba a más, pero no solamente en temas de cooperación al desarrollo con el tercer mundo, sino también de aquí. Entonces, empecé a trabajar en temas de cuarto mundo, que son las situaciones de extrema pobreza que se dan en ciudades desarrolladas, implicándome de distintas maneras.
En el año 98, acabé la carrera, y tuve la oportunidad de encontrarme con unos amigos que se iban para Venezuela. Me fui dos meses a trabajar en el barrio del Tostad, un barrio de gente que está viviendo en condiciones muy malas. Lo que hacíamos era dar clase allí, y una asistencia a las familias. Durante el periodo en que no había actividad docente, era muy peligroso que los niños estuviesen zascandileando por la calle, y organizamos todo tipo de clases extraescolares y campeonatos deportivos.
De esta experiencia también surgió la creación de una ONG, que se llama Na’guara. Desde el año 98 estamos realizando viviendas, mediante financiación que conseguimos externa, cambiando las viviendas que tienen, que son muy precarias, por unas viviendas dignas, que ellos mismos se construyen.
Ya el salto fue en el año 2002, en el que empecé con la cooperación con África, trabajando en Angola, también mediante una demanda de una comunidad local de Luanda, que pidió ayuda porque todavía estaban en guerra y necesitaban gente que fuese a apoyar a la Universidad de allí. Nos fuimos un grupo de amigos con esta inquietud, y esto sigue desarrollándose durante todos los veranos. En teoría, estamos construyendo un centro de acogida para los niños de la calle, que fue un poco el detonante, el primer proyecto que nos dijeron que realizásemos, siempre en colaboración con ellos. Han ido surgiendo diversos proyectos, desde una biblioteca a un centro de mujeres de la calle, en prostitución. Se van realizando diversos informes, depende de la gente que vayamos se va bifurcando el proyecto: proyecto sanitario de asistencia a los niños y a la gente, centro de dispensarios médicos, o bien proyectos educativos, en los que damos alfabetización, siempre según lo que se va demandando y las necesidades.
CLF- Digamos que todo empieza a través de un grupo de amigos…
PAZ- Sí es cierto que las cosas funcionan por empatía. Por ejemplo, cuando empezamos con lo de la huelga de hambre, la gente decía: “¿Y vosotros por qué estáis pasando hambre?” Y sin embargo, generamos alrededor un grupo de gente que estaba apoyándonos, que estaba dando el “do de pecho”, y eso cuestiona. Lo que cuestiona es que uno esté más feliz, luego ya la vida va colocando a cada uno en su sitio.
Pero sí es cierto que el verte acompañado hace mucho. Yo no soy Juana de Arco, no soy la abanderada que va luchando contra la pobreza en el mundo. Si te sientes acompañada, llega un momento en que ya lo haces como opción de vida. Es curioso cómo la gente se va, es cierto que ese grupo de amigos sigue estando y seguimos siendo muy amigos, unos se han causado, otros tienen hijos… pero uno se lo toma como opción, y sigue habiendo gente que se sigue añadiendo y las cosas siguen funcionando.
CLF- ¿Hasta qué punto podemos ayudar como arquitectos?
PAZ- Es que tú no ayudas, se trata de que las cosas sean de otra manera. La concepción de que vamos allí a ayudar a “los negritos”, es una concepción que no deja de ser fruto de un colonialismo. Yo voy allí, por justicia y también porque quiero aprender de ellos, y lo que soy, que es mi formación técnica y humana, la pongo a su disposición.
Desde el punto de vista técnico, podemos aportar un montón y podemos aprender mucho. En todo lo que es arquitectura tropical y vernácula ellos nos dan mil vueltas: aprendes a adecuar los materiales a la climatología y a la economía de medios. Nosotros lo que podemos aportar como técnicos es una especialización, de forma que aquí nos tenemos que formar en temas, por ejemplo, de sostenibilidad, de gestión de proyectos, de transferencia de tecnología, de forma que yo aquí aprendo a hacer una letrina seca o un sistema de aguas sucias, y luego lo puedo aplicar allí. Yo les enseño cómo se puede hacer eso porque he tenido la oportunidad de investigarlo y de estudiarlo aquí, de enfrentarlo con gente que también lo trabaja, pero en definitiva, es un puente que se crea entre ambos: entre ellos que tienen sus conocimientos y nosotros que tenemos los nuestros. Es una sinergia muy interesante.
Mi experiencia es que lo mejor es trabajar codo con codo, pero eso quiere decir estar trabajando prácticamente con ellos; si hay que hacer el hormigón, pues se hace conjuntamente. También hay que ser muy resolutivo, porque esa falta de medios, económicos, humanos… la pobreza tiene muchas vertientes, no sólo la pobreza económica: hay una pobreza intelectual, una pobreza de recursos, una pobreza de medios… tú tienes que ser muy resolutivo a la hora de decir: yo tengo este dinero, que suele ser mínimo, tengo estas herramientas que son mínimas, cómo puedo dar la mejor solución constructiva… y ahí sí que se demuestra que seas un buen arquitecto, porque hay que tener mucha imaginación y tienes que saber realmente para qué funcionan las cosas (cómo funcionan los sistemas estructurales, cómo funcionan los cerramientos) para luego aplicarlos en situaciones extremas (falta de recursos, que los operarios no están muy capacitados, que se tiene que hacer en un tiempo récord porque además tú tienes que volver a tu país, con tu familia). Y como arquitecto hay que dar el “do de pecho”, eso sí.
CLF- Suponemos que allí es mucho más importante el tema de la funcionalidad, frente aquí donde quizás muchas veces nos fijamos más en el tema de la estética.
PAZ- Eso es mentira. ¿Por qué tenemos que quitarle la componente de la estética o de la belleza a proyectos de cooperación? La persona es la misma en África o en Estados Unidos. Tenemos que luchar por lo mismo. Si nosotros estamos mejor en un sitio que tiene unas condiciones lumínicas y de ventilación, y que además es un espacio bello, porqué se lo tenemos que negar al pobre. Podemos transformar una madriguera en las cuevas de Altamira, y hay que hacerlo, la justicia tiene que ser igual para todos. Todos tenemos necesidad de esa belleza y ése es un reto, porque con grandes medios y grandes economías podemos usar materiales que ya de por sí son bellos. El proyecto en sí tiene que tener una belleza de proporción, de recorrido, de adaptación al entorno, de decisión de materiales y eso es lo que hace que ese proyecto funcione y que vaya con ese plus de belleza independientemente que se utilice el titanio, el granito o el mármol.
CLF- ¿La falta de normativa hace que tengas mucha más libertad a la hora de actuar?
PAZ- Claro, lo que pasa es que tienes más libertad proyectual pero menos libertad económica, de materiales, de recursos. Aunque no haya una normativa, estás condicionado por toda esa precariedad, y además, la redacción de un proyecto siempre hay que hacerla mano a mano con los que lo van a habitar.
En cooperación prima siempre el proyecto participativo, en el que tienes que hablar mucho con la gente que va a habitar ahí para que se adecue a sus necesidades, y además ellos negocian también contigo la vivienda. Si viene una empresa constructora, al menos en la cultura africana, lo que hace es que si no lo hacen suyo, al final no lo van a apreciar tanto, y si no lo aprecian no se mantiene, y si no se mantiene se degrada, y entonces el proyecto ha sido un desastre. Claro, se trata de que sea un proyecto participativo en el que la gente se implique, lo haga suyo, para que aquello tenga una durabilidad, y aunque pase el tiempo aquel proyecto siga funcionando porque lo han hecho suyo, porque ellos han participado y porque en definitiva no ha sido la idea feliz de la “blanquita arquitecta española” que quiere ponerse una medalla porque “la solidaridad viste mucho, soy solidaria y vendo a los cuatro vientos que me voy África”.
Se trata de que hay que optar también por una ética y una unidad en la cooperación: uno se pone a su disposición, y hablas con ellos y lo confrontas, sino, el proyecto no funciona.
CLF- Eso sería lo que se debería hacer aquí, ¿no? El arquitecto se ha alejado mucho del cliente, muchas veces ni siquiera se sabe quién va a habitar allí.
PAZ- Claro, porque aquí existe la figura del promotor. Aquí hay un tipo que pone el dinero para hacer ese proyecto, esas viviendas, y que después les saca un beneficio a la hora de venderlos.
Se está convirtiendo la arquitectura, y la vivienda en este caso, de ser un artículo de primera necesidad a ser un artículo de lujo. En esos países, cuando estás trabajando con gente que se encuentra en una situación precaria no existe la figura del promotor, aunque hay mucha corrupción, tampoco vamos a andarnos con tonterías, pero la figura del promotor no existe. Entonces, ese proceso participativo quiere decir que estás haciendo un objeto de primera necesidad, no de lujo.
En España, si tú te haces tu propia casa, si los clientes son los promotores, sí que hay un proceso participativo, pero si estamos hablando de un concurso de arquitectura, de una promoción de 80 chalets en Ribatejada, no hay proceso participativo; hay un promotor que dice: quiero esto y lo quiero de tal forma porque me va a salir más rentable. Entonces el proceso, tanto de redacción del proyecto como el destinatario último es diferente, no es mejor ni peor, son procesos diferentes.
CLF- ¿Cómo os recibe la gente del lugar? ¿no hay choques entre culturas?
PAZ- Ahí está el tema, que no tienes que imponer tu cultura. Mi experiencia es que yo al principio hablaba mucho, solucionaba la vida a todo el mundo, y a medida que va pasando el tiempo me voy callando más, y no intento solucionarle la vida a nadie.
Tú vas con tu cultura, con todo lo tuyo a cuestas, y ellos también van con todo lo suyo a cuestas. Se trata de una interrelación, no de un nuevo colonialismo.
Al principio sí es cierto que se ponen un poco distantes, pero en el momento en que te muestras tal y como eres, y vas de una manera honesta (yo no puedo ser dando clases, diferente a como soy con mi familia o como soy con los proyectos de cooperación), es cierto que la gente responde y responde muy bien, pero siempre, repito, uno responde cuando se siente querido, y ésa es la clave. Entonces resulta que todo va mucho mejor.
Vas como técnico, pero también vas como Paz Núñez: que eres arquitecta, fenomenal, y trabajas en la universidad, y todo lo que quieras; pero esa relación sigue estando ahí, y te implicas con ellos de manera humana y no de manera técnica.
En los proyectos de cooperación uno se implica, se siente mucho más vulnerable. Chocarte de frente con la pobreza es muy fuerte. Cuando uno ve las condiciones en que se está viviendo que suelen ser situaciones muy dramáticas, algo cambia: puedes salir escopetado o puedes implicarte hasta el fondo. Cuando trabajas en proyectos de vivienda de aquí, uno lo hace lo mejor que sabe, pero esa implicación no existe como existe en los proyectos de cooperación.
Otra cosa es que uno tiene que ir ya llorado, eso de decir: cómo esto puede ser así, cómo pueden funcionar estas cosas así, que el mundo funciona al revés, y demás. Lo lloras, y una vez que ya lo has llorado, ya has pataleado, y ya te has cabreado con el mundo, pues ya está. Vale, pues empezamos. Porque si no, hace que te atasques, y de hecho hay veces que te atascas, porque te rompes, porque estás viendo que se están viviendo situaciones muy duras. Pero si vuelves a recordar “lo estoy haciendo por lo que lo estoy haciendo” pues tiras. Uno es muy vulnerable en estos proyectos. Uno no puede ser absolutamente técnico cuando está trabajando en un proyecto de cooperación, por lo menos yo no creo en ese tipo de cooperación.
CLF- Hemos pensado que por la falta de recursos se utilizan soluciones que serían aquí aplicables en temas medioambientales.
PAZ- Aplicables, por supuesto que si. De hecho, el tema de la sostenibilidad y de la arquitectura bioclimática, y los temas de cooperación van de la mano. Yo estoy aprendiendo en Guinea soluciones constructivas de países tropicales en los que hay pocos recursos, aplicables aquí. Ellos sí que tienen en cuenta la orientación, todo el tema de energías pasivas, la ventilación, la utilización de materiales adecuados, las dimensiones de los espacios. Lo tienen en cuenta porque no tienen más vueltas, no tienen electricidad, no tienen iluminación
CLF- Tienes que aprender…
PAZ- Claro, claro que aprendes un montón.
CLF- La última pregunta era sobre qué te ha aportado esta experiencia tanto en el tema profesional como en el personal.
PAZ- Aporta el tener una visión, el que la mente de repente se te amplíe muchísimo más. También te das cuenta de que hay muchos caminos a elegir desde el punto de vista profesional. Puedes optar por trabajar aquí, puedes optar por concursos, puedes intentar ser Norman Foster. Estupendo. Y también hay otra faceta de la arquitectura que puede estar destinada a la Cooperación al Desarrollo, aquí y allí.
Sin embargo, el hecho que esté metida en esto no quiere decir que rechace el resto, sino que tiene que haber gente que sea Norman Foster, tiene que haber gente que haga 80 chalets, y tiene que haber gente que también se forme en el tema de la cooperación.
Y desde el punto de vista personal, yo creo que ya he dicho bastante… pero, esto te cambia. Uno ya no es el mismo después de haber tenido un contacto con el desarrollo, y además engancha, porque estás en contacto con gente que está en una situación muy desastrosa y dura, pero también van a recibir una alegría. Y jolín, yo que lo tengo todo y me amargo porque no venís a clase o no entregáis o yo que sé qué, y esta gente, estas personas, egoístamente incluso, qué me pueden aportar a mi. Reconozco que yo he aprendido a querer allí. A mí esta gente me está enseñando eso, y yo ya me doy más que por satisfecha…



bien deceamos nos puedan poner en contacto con entes financiadores para resolver el problema de 1200 familias que no tienen recursoso para construir su vivienda en tarija Bolivia
atentamente
Ivan
preciosa entrevista… un saludo