No podemos asegurar que la disciplina arquitectónica pase por su mejor momento. Amenazada por el decreto de Bolonia y menospreciada tanto exterior como interiormente – desde sus propias bases, constituidas por los actuales planes de estudio, hasta su producto final, alejado de las necesidades de la sociedad-, la Arquitectura vive con nerviosismo la posibilidad de perder su propio carácter, su identidad y su independencia.
Hemos llegado a este punto, con la firma del nuevo decreto sobre la enseñanza y sus enormes consecuencias, primero y principalmente por culpa de nuestra incapacidad de autocrítica. Hemos olvidado el papel que debería asumir la arquitectura: la arquitectura como solución a los conflictos y necesidades del ser humano. Nacimos para dar cobijo adecuado a las actividades del hombre, para ser participes en la consecución de una vida digna para todos.
Sin embargo, hemos apartado conscientemente este significado de la Arquitectura. Nos hemos convertido en meros egos luchando por sobresalir sobre los otros, hasta el punto de creernos capaces de dirigir las necesidades y deseos del resto de mortales – ¡ellos no valen ni saben tanto como un arquitecto!-, y la realidad es que no hemos sabido ni cumplir lo más mínimo nuestro cometido –infravivienda, sintecho, marginación, hábitat sin dignidad, desigualdad, ¡pobreza!.
Pensamos en nosotros como alguien capaz de dirigir a los demás, y ni siquiera sabemos – o no queremos saber- cuál es nuestro papel.
El arquitecto debería ser una herramienta de cambio de la sociedad, no una herramienta de perpetuación y radicalización de ésta. La arquitectura como lucha social, no como imagen o producto del dinero sucio, robado y mal repartido, causante de la miseria. Estamos ayudando a provocar precisamente lo que deberíamos erradicar con nuestro papel privilegiado de agente de transformación.
Como estudiantes debemos empezar el cambio en lo que concierne a nuestra formación. La visión que tenemos sobre los planes de estudio y la preparación que nos pueden ofrecer para nuestra futura labor profesional – social-, no pueden parecerme más alejados de la realidad. Nos avergüenza reconocer nuestra falta de conocimientos y nuestra insistencia en otros temas cuya utilidad aún está por descubrir. Todos sabemos indicar 20 cosas útiles que desconocemos y 100 más, que a nadie interesan, pero que ocupan nuestras horas de estudio.
Admito, a fuerza de repetírmelo, que no sabría contestar que he aprendido en todos estos años. Me gustaría contestar a gritos ¡arquitectura!, pero no creo que mi futuro laboral pase por hacer todos los días un nuevo museo ni un gran estadio como parece ser, creo que empezaré -y quizás terminaré, que ya es bastante- por algo más humano, para lo cuál a lo mejor no esté tan bien preparado. Desdeñamos hacer simples cosas en nuestras clases – todos los estudiantes hemos nacido para hacer grandes proyectos de enormes presupuestos-, pero reconozcamos que salimos de la carrera sin saber correctamente ni proyectar ni dirigir la construcción de una simple pieza básica para la sociedad, como es una vivienda correcta. ¡Ya lo aprenderemos cuando trabajemos!, entonces ¿para que estudio tantos años?.
Hagamos el esfuerzo de mirarnos al espejo, descubramos e investiguemos cuál debe ser la verdadera aportación de la arquitectura en la sociedad, y los conocimientos que implica realmente ésta, para ponerlos en nuestras manos durante nuestra formación, sin adornos ni desvíos.
Una vez realizado este paso, desde dentro, partiendo de la propia disciplina, podremos mirar sin miedo la competencia con la ingeniería. Podremos contestar seguros cuál es nuestro papel, mostrar confiados lo que sabemos y podemos hacer y marcar nosotros mismos nuestras competencias sin necesidad de protegernos con leyes y decretos. El cambio de la sociedad, una vida más justa, igualitaria y digna, será la mejor referencia de nuestro trabajo, nuestra mejor tarjeta de presentación.
Sólo somos estudiantes, y nada conocemos, pero eso no nos evita que gritemos para defender nuestro futuro, nuestra calidad y nuestra posición como herramientas para una sociedad mejor.

0 Respuestas a “Un enfoque distinto”